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Una Historia de dos Jornaleros

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Ignacio Parámo sostiene un osíto de plástico por encima de la cabeza, mientras una muchedumbre de sesenta hombres se le agolpa en un circulo estrecho. Agita el osíto, y los boletos azules en su vientre cristal revolotean como hojas en el viento. "¡Soplalo para la suerte!" Paramo avisa al jornalero más cercano. El hombre sopla, los boletos se agitan y Paramo selecciona uno al azar. "¡Doscientos treinta y cuatro!" grita, y un brazo lanza al cielo, el boleto afortunado en mano. El hombre ha sacado el gran premio: el chance de trabajar este día.

Un Lugar Para Jornaleros

Una rifa come esta ocurre cada vez un contratista llega al sitio nuevo de trabajo a jornal de Portland, ubicada en la avenida SE Martin Luther King Jr. Después de meses de debate intenso y una subvención de $200,000 de la oficina del alcalde, el grupo VOZ – que trabaja por los derechos de los inmigrantes – estrenó el centro el lunes pasado, el 16 de junio. Es un lugar modesto; nada más que un estacionamiento de coches vacío en una esquina animada rodeado por todo lado con alambrado sencillo, con una oficina pequeña y unas letrinas. Pero, para los jornaleros, o sea los que buscan trabajo de nuevo diariamente, el centro es un paso importante hacia limpiarse el imagen y mejorarse la vida.

Las madrugadas en este barrio del sureste de Portland, grupos de hispanohablantes suelen congregarse en las esquinas, esperando que los patrones de ajardinar y construcción pasen y les ofrezcan trabajo bajo la mesa. Los vecinos quejaron que los hombres dejaban basura y drogas en los bordillos, y que su presencia les intimidaba a sus clientes.

"Nadie sabe que hacen allá – se ve un grupo grande de hombres y no se sabe si sean narcotraficantes o que pasa," explica el director de VOZ, Romeo Sosa, quien fue un jornalero también hace décadas. Ahora, Sosa espera que los obreros se registren en el nuevo sitio de empleo de VOZ, donde se consigue trabajo por rifa ordenada en vez de tirarse en camiones desconocidos. El proyecto pretende solucionar los problemas reales de los jornaleros: una carencia de condiciones higiénicas en las esquinas y la rebatiña común por trabajo. Estos cambios pequeños, espere VOZ, hará otros más grandes con respecto a la reputación de estos hombres en la vista publica. La población latina de Portland ha aumentado un 170 por ciento durante los últimos diez años; la ciudad ya cuenta con 4,300 hispanohablantes. Sosa calcula que entre 100 y 300 de estos trabajan como jornaleros, pero concede que en esta minoría figura el grupo más visible de la población. Sosa y VOZ desean que la gente de Portland vea en los jornaleros no solamente obreros, sino una gente con opiniones, ideas, e historias como cualquier ciudadano americano, sean estadounidenses o no. Entre la muchedumbre en asistencia en el sitio de empleo de VOZ figuran los cuidadanos naturalizados tanto como los inmigrantes ilegales.

Un Hombre de Honduras

René habla con voz baja y tranquila mientras espera en la sombra de un árbol que crece del pavimento arenoso del sitio VOZ. Ya tiene 23 años de edad y recuerda claramente el día que llegó a Portland hace dos años: el 28 de febrero de 2006. La ciudad le infunde con nostalgia de su propia San Pedro, que había dejado hacia dos semanas antes (aunque, por cierto, hace más lluvia en Portland y las fuentes extrañas salpican las calles). René nació cerca de San Pedro, donde su familia ganaba unos 100 pesos diariamente (~USD$5) como granjeros. Aunque poco, este les bastaba para alimentarse a seis hijos en una casita de dos cuartos. René dejó el sexto grado para trabajar con su familia en el campo, pero cuando cumplió los 20 años decidió mudarse al norte con algunos amigos por motivaciones económicas. Viajaron a lo largo de Honduras y Guatemala en bus hasta llegar a la frontera Mexicana. Acercandose a Texas, pagaron un "coyote" para ayudarles navegar cuatro días en el desierto y llevarles a los estados unidos. En Texas, se dividieron y Rene se lanzó para Portland, donde compartía con otros amigos una casa de cuatro salas en Gresham.

"La vida aquí es mejor, más tranquila," dice René. A partir de 2006, Rene y sus compañeros de casa han conseguido trabajo esperando en las esquinas del sureste de Portland. Cuando pare un camión, se suben. "Se divierte entre una misma gente," él explica, "contando chistes y todo."

Pero, esperar en las esquinas suele ser peligroso y no poco frustrante.

"Hay gente allá que anda en vicios," René queja. No se sabe si, al fin del día, los patrones les pagarán lo que les habían ofrecido. Además, él dice, "Hay personas que andan borrachos y hacen una impresión muy mala en la comunidad." Cuando llegan la policía para enfrentarse con los borrachos, multan a los jornaleros también. "Por la culpa de uno, nos pagamos todos," René dice, "todos los hispanos."

Cuando regresa a casa en la noche, después de un día de esperar o, con suerte, trabajar, a Rene le gusta mirar la televisión o tocar la guitarra por unas horas antes de dormir. Se levantará al primer luz el siguiente día para agarrar el bus otra vez hacia MLK. Mientras la mayoría de la ciudad disfruta del fin de semana, Rene vuelve a la esquina: Los sábados suelen ser los días mejores de conseguir trabajo. De todos modos, descansa durante los domingos y asiste la iglesia. Cada mes, consigue mandar $300 a su familia en Honduras.

El sueldo diario de la esquina es el mismo que el sitio de VOZ: $10 por hora por trabajos no especializados, como excavar zanjas o limpiar sitios de construcción. Pero, si un patrón le ofrece menos, normalmente René lo acepta.

"No vale la pena pelear por unos dos dolares," se encoge los hombros. El trabajo puede ser esporádico y algunos días espera desde la madrugada hasta la tarde sin éxito. Por lo tanto, a él no le molesta la rifa. "Algunas veces tienes suerte, algunas veces no," dice.

No sabe a ciencia cierta sus planes del porvenir. Algún día, tal vez encontrará trabajo estable y papeles. Algún día, tal vez podrá comprar la vía de regreso a Honduras y ver su familia otra vez.

"Si dios lo manda, me quedo aquí uno o dos años y regreso a Honduras," dice, "uno nunca sabe."

Un hombre de Montana

El desdentado se presenta como "Montana." O sea que cuando se mudó a las calles de Portland, su estado nativo se convirtió en este apodo. Como Rene, Montana es un inmigrante sin papeles, que busca trabajo en una ciudad nueva. También se creció trabajando en el campo con sus padres, que cultivaban remolacha azucarera alrededor de Billings. Desde la niñez, Montana cosechaba remolacha durante los veranos y después de dejar la escuela en el décimo grado, se dedicaba enteramente a este fin.

"Fumaba demasiada mota. Creía que sabía todo," dice Montana. A partir de entonces, su vida ha sido marcada por adicción, rehabilitación, y la inestabilidad. La atracción de un sueldo seguro le llevó a Portland hace dos años. Trabajó como un cocinero en un restaurante en el centro antes de caerse en la heroína y el robo para apoyar el hábito.

Estos días, la única forma de credencial que lleva Montana es una ficha ligera del Cárcel de Clackamas County, donde permaneció un mes por el robo. Por encima de una cara cetrina, se ve el nombre completo de Montana. Pero mostrar a empleadores esta ficha no es la manera de ganar empleo bueno. Así que Montana espera los camiones en las esquinas, como Rene. Durante la noche, duerme en frente de la clínica de metadona.

"Por la metadona, me cobran $300 por mes," el explica con una sonrisa infecciosa, "¡pero es baratísima en comparación con la heroína!" Montana es un hombre animado, amable y optimista. "No me habría pensado capaz de soportar la ciudad, pero me llevo muy bien con la gente de aquí. Se asemeja a la de Montana," sonríe mientras habla de la búsqueda para empleo en Portland. "Me estacionaba allá adelante, en aquella esquina," señala con un dedo más allá del alambrado, hacia el paso elevado I-5. "Pues, ahora pienso intentar el [centro de VOZ] por unas días."

Hace dos semanas, Montana techó una aguja de iglesia tan empinada y con equipos de seguridad tan mínimos que la mayoría de los obreros habían abandonado el proyecto vertiginoso. A Montana le dio igual, como él relata la historia, y ganó tanto dinero en tres días que pudo pagar la cuenta mensual entera de su metadona.

Cuenta del tiempo en que un camión que transportaba lejía tuvo un accidente en la carretera, derramando los residuos tóxicos por todo el camino. Usando mascaras de seguridad, trabajó con un equipo el día entero en limpiar el derrame toxico. Jornaleros como Montana frecuentemente corren riesgos así peligrosos.

Montana y los otros anglos en el centro de VOZ hablan entre si, separados de los 60 obreros latinos hasta el momento de la rifa, cuando se juntan con los demás. Mientras el organizador anuncia los números de boletos en español, ellos gritan "American!" o "English!"

"Por cierto, somos la minoría aquí," él dice sin rencor, mirando a sus compañeros. Como Rene, su intención es mandar alguno del dinero que gana aquí a su familia en Billings, donde le espera una hija de 14 años con su madre. Desea nada más que encontrar empleo seguro, mantenerse limpio, y pagar la manutención de hijos. Montana mira fijamente a los carros que desfilan en la calle.

"Solo deseo salir hoy."

Raíces Locales, Movimiento Nacional

Los debates que condujeron al otorgamiento de fundos publico enfocaron en los asuntos grandes: la inmigración, la clase, y los demográficos de una nación en flujo.

"El asunto de trabajo a jornal es muy complejo," dice el director de VOZ, Romeo Sosa. Él desea mantener sencillas las metas de VOZ en Portland. No pretenden solucionar todos los problemas de la inmigración en el país. Lo que sí ofrecen es un lugar seguro para encontrar trabajo, mientras combatir el crimen y limpiar las calles. "Estos problemas," el dice, "se solucionan juntos."

Montana, René y los jornaleros chiflan a cada camión que pasa, esperando que alguno se pare. Un contratista llega que necesita obreros que sean experimentados en el hormigón, para que ayuden a un equipo retrasado. Un hombre de canas con una camisa azul de botones busca un jardinero. Solo uno contratista niega dejar el nombre y numero de contacto requisito con la oficina y sale sin empleado. Ni René ni Montana figuran entre los afortunados que ganaron la rifa de hoy, pero se volverán mañana.

Translado por Ben Cohn

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